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En estas fiestas de fin de año, cuando el cielo se vuelva a iluminar con la pirotecnia, estamos llamados a pensar en los pequeños y pequeñas que sufren de Trastorno del Espectro Autista (TEA), ya que estas coloridas detonaciones, que alegran a la mayoría de los infantes, vienen asociadas de una alta carga de luminosidad y ruido que alteran a los niños y niñas afectados con esta patología, ya que tienen desarrollada una mayor hipersensibilidad.

Andrea Barriga, Terapeuta Ocupacional del Servicio de Neuropsiquiatría Infantil del Hospital San Juan de Dios, aseguró que las dificultades del procesamiento sensorial de estos niños y niñas, “hace que algunas áreas estén más exacerbadas que otras, en la cual hay ciertos ambientes que los abruman, entonces a ellos  les cuesta entender el contexto social, porque la afectación del autismo es la afectación de la comunicación social, hace que ellos, no puedan entender, primero, que es una fiesta”.

Como ejemplo a lo anterior, la especialista relata que “hace un tiempo le pregunté a un joven de 16 años con TEA cómo veía el mundo cuando tenía 4 años y él me decía ´que era una sensación como que el mundo se le venía encima´. Entonces, imaginé que era la misma situación que vive alguien con crisis de pánico, la reacción humana de arrancar y tener miedo”.

Según, la Terapeuta del HSJD, la familia lo va a pasar muy mal, en la parte social, porque el niño no tiene la capacidad de sobrellevar ese nivel de estímulo “los niños comienzan a llorar y empiezan a mirar, ¿por qué llora?, el niño se va a descontrolar, se puede empezar a auto agredir, porque no está entendiendo, está sintiendo que algo lo está dañando, se puede arrancar, hay muchos que se arrancan”.    Agrega que “algunos tienen esta hipersensibilidad auditiva, puede ser también visual, puede ser táctil, de todos los sentidos en el fondo pueden estar exacerbados o a veces más apagados”.

 Una de las principales desafíos que enfrenta el sistema de salud para con el TEA es hacer más permanente el trabajo educativo con el entorno de los niños con esta patología para que cuenten con herramientas que les permita un mejor manejo. “Para trabajar con los padres, para poder prevenir estas situaciones, entre más temprano se trabaja el área sensorial, porque los niños más pequeños tienen más exacerbado esta área en edades temprana, y entre más temprano tu trabajas esto junto a los padres, el niño es probable que tenga una regulación y tu vayas disminuyendo esta área sensorial, el niño va a ir, en el fondo entendiendo un poco más el entorno”.

Recientemente, en septiembre del año 2021, el estudio de “Estimación de la prevalencia del trastorno del Espectro Autista en población urbana chilena” publicado en la revista de pediatría, arrojó que Chile tiene una tasa de 1 por cada 51 niños con Espectro Autista, un número que supera a países como Estados Unidos, México o Colombia. Algo, sin duda, a tomar en cuenta en el fortalecimiento de las políticas de salud pública y como sociedad.

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