Afrontar un diagnóstico de cáncer lleva a las personas a vivir una experiencia límite, porque “la enfermedad le muestra al paciente la vulnerabilidad de la vida y lo lleva a replanteársela”, explica la psicóloga de la Unidad de Hemato Oncología de nuestro hospital, Andrea Tettamanti, quien enfatiza que el entorno del paciente debe ser muy comprensivo: “no necesita escuchar críticas respecto a lo que hizo bien o mal”, indica.

Cada día más personas deben vivir no sólo el diagnóstico y largo tratamiento de la enfermedad, sino que también deben aprender a convivir con el imaginario social construido por los mitos, creencias y juicios de las personas que son parte del entorno del paciente, tales como familiares, amistades y compañeros de trabajo.

La psicóloga agrega que nuestra sociedad asocia el cáncer al dolor, sufrimiento y muerte, “conceptos terribles que hoy no necesariamente son así y, a partir de ello, entregan consejos que surgen de experiencias propias y la de otros, lo cual no contribuye en aspectos emocionales de la persona”.

Ante esta realidad, la especialista asevera que la experiencia del paciente siempre es única, “por ello el mejor consejo y opinión está en el equipo de salud que está tratando a la persona, porque lo que fue bueno para alguien, no necesariamente funcionará en otro”, expresa la psicóloga.

Un aspecto fundamental es la actitud que asume el paciente, lo cual implica que pasará gran parte de su tiempo en el hospital debido a los controles y el tratamiento. “La enfermedad oncológica lo obliga a centrarse en sí mismo y al autocuidado. Acá fortalecemos el cambio de mirada, donde ellos y ellas son el centro de la atención”, afirma la psicóloga y recomienda que para enfrentar la enfermedad el paciente debe colocar todas sus habilidades y destrezas para dar espacio a aquello “que siempre quiso realizar y fue postergado”, finaliza.

El cáncer es la segunda causa de muerte en el país, según datos del Minsal. El 2013 unas 24 mil 500 personas fallecieron a causa de los diferentes cánceres, donde los más frecuentes se presentaron en el estómago, pulmón, vesícula y vías biliares, colon, mama, próstata y cervicouterino.

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